Es raro que no haya escrito ya este mismo post media docena de veces. Y lo es porque cada uno tiene sus perversiones; entre las mías ocupa un lugar no menor el reino de lo kitsch, lo cursi, lo hortera y otras hierbas de mal gusto. Ese reino acoge manifestaciones y espacios de los más diversos: desde peluquerías de barrio con unas fotos de peinados increíbles y miradas evanescentes hasta algunos bares -Abraxas, Ébano nigth club, Magnolia's, Baby Jean, Mogambo- con las paredes forradas de una sintética piel de cebra y dos leopardas detrás de la barra, gobernando el garito y mascando chicle. También hay tiendas poligoneras especializadas en salones y dormitorios baratos que quitan el sentido: he visto cuadros muy muy pasteleros en la cabecera de la cama-piloto en los que, por ejemplo, un unicornio blanco parece querer besar a una doncella desnuda de dorados cabellos, grandes pechos, párpados caídos y labios entreabiertos, en una especie de alegoría entre porno y mitológica. En los 70 y 80, había boîtes y discotecas que tenían su punto de horterez caliente. Aunque ninguna comparable con aquella de la calle Leganitos, junto a la Gran Vía madrileña. Sólo estuve en ella una vez, primeros años 80, y en formato 'dobles parejas' (ellas pidieron peppermint con granadina, o sea, la hostia), pero nunca olvidaré aquel laberinto de reservados con celosía, pequeño sofá y teléfono conectado a la barra; la música era dulzona y ya muy pasada, tipo Enmanuelle, o Balada para Adelina, del almibarado Richard Clayderman, y también canciones 'románticas' como Sabato pomeriggio, de Claudio Baglioni ("gorrionsito, quéee melancolía"), o nuestro recio Pablo Abraira con su Gavilán o paloma. Claro que el templo kitsch por excelencia era El Samovar, muy cerca del hotel Palace: un sótano entre veneciano y canalla, barroco, abigarrado, operístico, con capitonés violeta y gruesos cortinones de terciopelo. En El Samovar viví, aunque esté mal decirlo, más de una noche de gloria, incluso alguna tarde de amor. Ya en el terreno de la ilustración, los carteles, los discos, la publicidad, etc, fue decisivo para el reinado hortera/kitsch el uso y abuso del aerógrafo, tran setentero y ochentero. Con ello alcanzó su climax una estética amanerada y artificiosa, pero resultona al cabo, que invadió todos los campos en mayor o menor medida. Todavía hoy, 30 años después, a veces veo coches macarras tuneados deliberadamente con esa estética discotequera de aerógrafo y fiebre del sábado noche. El tema da para un ensayo de 500 páginas bien documentadas e ilustradas. Quien esté capacitado, y se atreva con ello, que dé un paso al frente.
lunes, 30 de julio de 2012
viernes, 27 de julio de 2012
veraneo
Por todas partes nos llegan propuestas para pasar unas vacaciones de ensueño y a unos precios irresistibles. Rivera Maya, Costa Dálmata, crucero por las islas griegas, 7 noches en Punta Cana, hotel 5*, por sólo 920 €, 5 noches en Fuengirola, hotel 4*, por apenas 129 €, que da incluso apuro decir un precio así. En fin, hay ofertas para todos los gustos y todos los bolsillos: ¡5 noches en el Algarve por 59 €! Yo, si pudiera, picotearía un poco de aquí, un poco de allá, no mucho calor, algo de lago Como, crucero de Copenhague a San Petersburgo con escala en los puertos del Báltico, una semanita en el concejo de Llanes, otra en San Sebastián, veinte días a la sombra de la higuera en Tierra de Campos, con buenos libros, buen crianza, buen pan y buen queso, con excursiones por el románico palentino... Y así hasta completar los tres meses reglamentarios de las vacaciones escolares que todo ciudadano debería tener garantizadas por ley: del 20 de junio al 15 de septiembre, cómo mínimo, y ni un paso atrás. Sólo así se puede 'veranear' de verdad, que es un concepto caído en desuso: el veraneo, los veraneantes... Pienso en las dachas veraniegas de las obras de Chejov, en los hoteles des Bains en Deauville o en Biarritz, en aquellos balnearios de Karlovy Vary, Baden-Baden, Marienbad... incluso el de Cestona, que estaba muy bien, me consta. Pero, claro, para recuperar ese deseable ritmo de vida y ocio slow -es sabido el prestigio de que gozan las denominadas Slow Cities o Cittaslow- hay que adaptar el tiempo al tempo, y adecuar el calendario laboral a las aspiraciones revolucionarias de ocio y calidad de vida. O sea, menos de tres meses, nada. Y no es por presumir, pero tengo muy desarrollado ese programa laboral y su calendario correspondiente, que ya mismo pongo a disposición de los compañeros de Comisiones y UGT. En síntesis: quedarían suprimidos todos los 'puentes' y algunas fiestas no civiles (a determinar por Comunidades) y se exigiría trabajar en serio pero alegremente en horario ininterrumpido de 9.00 a 14.00 h, o bien -en función del clima, época del año, cultura, etc- de 8.00 a 13.00, o de 10.00 a 15.00 de lunes a jueves sin excepción. Pero esa es otra historia. Yo, por ahora, voy a seguir veraneando en Madrid de lunes a viernes, con maitines a las 7, caminata de 8 a 9, silencio, lectura, scriptorium, cerveza fría antes de comer, refectorio, siesta, penumbra, meditación, 20 largos de piscina, conversación telefónica, cine de verano, alguna égloga o soneto antes de apagar la luz, alguna fantasía inofensiva mientras va llegando el sueño.
jueves, 26 de julio de 2012
has sido una niña mala
Por lo que voy viendo, se han puesto muy de moda la novela erótica y los microrrelatos. Está bien, me siento cómodo en ambos géneros. Aparte de la exitosa 50 sombras de grey, y de su continuación, 50 sombras más oscuras, y de la tercera entrega, 50 sombras liberadas, todas ellas de la norteamericana E.L.James, por ahí andan circulando otras sombras como sueños inconfesables. Por ejemplo, Los amantes, de Pierre Bisiou, editorial Grijalbo, con una portada más que sugerente y una sinopsis que está pidiendo a gritos añadir hielo, mucho hielo, al café. O la prometedora Diario de una voyeur, de Maya Reynolds, donde la tímida Sandy sólo tiene un vicio: espiar cada noche a sus vecinos y dejarse llevar por las más locas fantasías. Todo va de maravilla hasta que una noche suena el teléfono y una voz masculina le susurra: "has sido una niña mala." Resulta que ella, mientras espiaba, estaba siendo espiada a su vez. Me la pido. Otros títulos son El sabor de la miel, de Salwa Al Neimi, El rapto de la Bella Durmiente, de Anne Rice, o Perverti Dos, colección de relatos de varios autores, editada por Traspiés, donde, "a través de un variopinto catálogo de propuestas lúbricas", podemos acceder al conocimiento de parafilias (o sea, perversiones) tales como la 'enterolagnia', el troulesismo' o la 'anortografofilia', por citar sólo las más sencillitas. En fin, que agosto promete altas temperaturas y páginas lubricantes. Como dijo en frase ya universal la editora Beatriz de Moura: son libros para ser leídos "con una sola mano." A los microrrelatos les voy a dedicar, lógicamente, menos espacio. Pero sí el suficiente para citar dos títulos que quiero leer en breve: Antología del microrrelato español (1906-2011), editado por Cátedra, y también Los cuentos más breves del mundo, de Esopo a Kafka, publicado en Páginas de Espuma. A propósito de Kafka: no sé si ya he citado alguna vez La cucaracha soñadora, del gran miniaturista Augusto Monterroso: "Era una vez una Cucaracha llamada Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha llamada Franz Kafka que soñaba que era un escritor que escribía acerca de un empleado llamado Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha." Siempre digo que lo bueno si breve, dos veces breve.
miércoles, 25 de julio de 2012
novias
En el post del lunes -entre el pudor y la impudicia- defendía yo algo así como que por sus casas los conoceréis. Aunque, como dicen los abogados en las películas, 'no es menos cierto' que si conociéramos a las novias o amores que ha tenido cada uno podríamos hacernos una idea cabal de cómo es él, o ella. Y si sabemos cómo es, estaremos muy cerca de saber quién es. Más que nada por aquello de dime con quién andas... y te diré con quién vas. Hoy estoy simpático, ya se ve. Pero es verdad que los gustos y las querencias nos delatan incluso más que las opiniones, las valoraciones, los juicios. Cuando se habla de esta cuestión siempre hay quien se hace el listo y afirma que todo hombre busca una y otra vez a la misma mujer en distintas mujeres, novias, amantes, etc. Se sobreentiende que toda mujer hace lo mismo, claro. Es una tesis facilona y pegadiza que se coloca en cualquier sitio y suscita el asentimiento con la misma facilidad. Yo no la comparto, y además no me apetece compartirla. Prefiero creer que soy algo más complejo, y no tan unívoco. Ahora bien, si un tipo insiste una y otra vez en tener amores que en todos los casos son chicas de silueta intercambiable, busto californiano, mechas rubias, gabardina y gorrito Burberry, copita en Keeper, forfait en el ski resort de Baqueira, y, casualmente, todas viven en la zona de El Plantío / Aravaca / Pozuelo... Pues blanco y en botella: a ese businessman le espera Lladró nada más entrar en casa, en el aparador del hall, y después la bailarina sobre la chimenea y el doble cisne de mamá como centro de mesa. Así las cosas, yo buscaría una buena coartada para superar los controles de acceso a la urbanización, el circuito cerrado de videovigilancia las 24 hours, la clave personal de cuatro dígitos... antes de ensayar el gesto de rutinaria complicidad con el vigilante uniformado de turno. Y todo ello a fin de introducirme en la vivienda -cuando ellos estén en Banús- con un buen martillo para hacer añicos hasta el último lladró. A cambio, como muestra de buena fe y generosidad, dejaría sobre la mesita baja, delante del blanco sofá Divatto, un pañuelo de seda que no sea de Channel, un perfume no de Issey Miyake, un poema (no en prosa) en el que se invitaría a abandonar a ese marido tan repetitivo y recuperar antiguos novios más románticos, si los hubo. Y si no los hubo, quitarse las mechas, tomar unas copas en Chueca, viajar lejos... y dejarse encontrar por el hombre de su nueva vida. Y todo ello en sólo catorce versos. Dieciséis, si llevan estrambote. Ya sé, el tema da para más, pero el aforo está completo.
martes, 24 de julio de 2012
un grande de españa
Creo que ya alguna vez he dejado aquí constancia de mi fascinación ante los impostores. Los buenos, claro, los que hacen de su impostura una obra de arte. Y eso requiere, además de otros méritos, ser a la vez un guionista insuperable y un consumado actor que interpreta como nadie sus propios guiones. Hacerse pasar por quien no se es genera sin duda ese alto grado de excitación que roza con el vértigo. Y quizá sea esa la droga sin la cual la vida carecería de interés para el auténtico impostor. Viene esto a cuento porque anoche leí una noticia con verdadero "regodeo en la concupiscencia". Atentos: Jacinto Rosellò Solivellas durante 20 años ha ejercido, al parecer con gran éxito entre la alta sociedad, el papel de príncipe Corsini de Sismano Borbón-Parma, si bien en ocasiones le daba descanso a ese título para dar entrada en escena (triunfal, claro está) al conde de Oleaza. Pero que nadie piense que ha sido un figurón sin más. Nada de eso. Su talento para la falsificación le permitió inventarse un currículum deslumbrante bien documentado, con supuestos trabajos para firmas tan glamourosas como Oscar de la Renta o Valentino, o pasar por ser inversor privado de, por ejemplo, Alicia Koplowitz. Todo esa impostura le llevó a ocupar puestos directivos en American Express, Merrill Linch, Credit Suisse... o a cenar con 'sus primos' los Príncipes de Asturias. Y, naturalmente, nuestro hombre no podía faltar en los top ten de "los españoles más elegantes" en las revistas de moda. Ya le estoy viendo moverse como nadie por los palacios más aristocráticos y los altos despachos de las finanzas internacionales. Un amable gentleman de irreprochable buen gusto, un Grande de España al que se le ve de lejos la nobleza de la cuna y la exquisita educación en los pequeños detalles. Esa mezcla de talento, elegancia y desfachatez le ha llevado a aparecer en la portada del New York Times, nada menos. No queda claro si algún periodista le seguía en silencio los pasos o ha sido el propio Jacinto Rosellò quien lo ha revelado alegremente (no gratis, se entiende) a la revista Vanity Fair. Dadas las actuales circunstancias -los mercados, la prima de riesgo, los hombres de negro, etc- creo que España necesita urgentemente hombres de recursos como este genial impostor capaz de hacer auténticos milagros (o falsos, qué más da) en Madrid, Bruselas, Berlín... Y entonces, en agradecimiento a los servicios prestados a la patria por nuestro príncipe apócrifo, Su Majestad le concedería los títulos reales de príncipe Corsini de Sismano Borbón-Parma y conde de Oleaza. Sería perfecto.
lunes, 23 de julio de 2012
entre el pudor y la impudicia
Es una frase recurrente esa que afirma que a partir de los 40 todo hombre es responsable de su rostro. Y hasta cierto punto es probable que sea así. La herencia, la genética, son muy fuertes, y es posible que determinantes, pero los rasgos de expresión, el modo en que miramos o sonreímos acaban sometiéndose a la constancia de los hábitos, obedecen a una callada y cotidiana disciplina (eso dije, más o menos, en un poema escrito hace ya más de diez años). Vale, de acuerdo, no me voy a llevar la contraria por esta vez. Pero eso no es óbice para establecer otras responsabilidades. En igual o mayor medida, todos tenemos mucho que ver con nuestras casas: ellas hablan de nosotros... más allá incluso de lo que estaríamos dispuestos a admitir. Y como soy vallisoletano de nacimiento (además, del centro mismo de Valladolid), me voy a tirar un farol sin pestañear: dejadme media hora a solas en casa de un desconocido (cuadros, muebles, fotos, lámparas, objetos) y os diré quién es ese tipo, de qué pie cojea, de qué presume y de qué carece. Eso sí, en el caso de que en el salón hubiere estanterías con libros, admito que necesitaré algo más de tiempo para hacer un dictamen medianamente fiable. Ahora bien, si lo que predomina en esa biblioteca son los premios Planeta encuadernados en piel, los Goncourt igualmente encuadernados, así como La Novela Rusa en 20 volúmenes y los Grandes Premios Literarios editados por Plaza & Janés... con cinco minutos puedo arreglarme. Luego hay un tema, un temita, con el que yo soy quizá excesivamente beligerante: el mundo se divide dramáticamente en dos hemisferios: Lladró y no Lladró. Y aquí no hay componendas posibles, ni síntesis hegelianas ni cristo que lo fundó: aquí, o tierra o agua, o la bolsa o la vida: o eres de Lladró... o fusilarías a Lladró con todas sus pertenencias ¡sin el más mínimo sentido de culpa! Al contrario: exigirías todos los honores para ti y para los tuyos. Es apasionante 'leer' las casas. La mayoría de nosotros (no es mi caso) rara vez nos dejaríamos ver desnudos; sin embargo, casi todos mostraríamos alegremente nuestra casa a un amable desconocido. Así conviven nuestro pudor y nuestra impudicia. Me gustaría ser más desvergonzado incluso, más guapo y más provocador.
viernes, 20 de julio de 2012
perder para encontrar
Cada vez que busco una cosa aparece otra que había dado por perdida. Me ocurre con frecuencia. Hace unos minutos, buscando unos papeles para una cita médica, han aparecido unas gafas de sol que llevaban más de tres meses en paradero desconocido. Lo normal es conceder un margen de tiempo a las cosas (como a las personas) que desaparecen, pero, claro, cuando pasan los días, las semanas, cambian las estaciones y lo perdido siguen sin aparecer... ¿qué debemos pensar? De algún modo, las cosas, como los seres humanos, se cansan de nosotros y un buen día se van por ahí, a ver mundo, y lo normal es que no regresen. Yo lo entiendo. ¿Por qué una sola casa, un solo dueño, un solo dios, un solo amor? Desaparecer debería ser un derecho reconocido. Creo que perderse es o puede ser un arte, aunque sea el arte de birlibirloque. Y si sabemos perdernos bien, a nuestro regreso apareceremos muy mejorados. Durante medio verano o media hora hemos estado lejos, pero regresamos quizá algo más sabios o inmensamente ricos. Por eso no me desagrada extraviarme alguna vez a la caída de la noche. Y además, como respondió el policía al niño que le preguntaba si sabía dónde estaban sus papás: "pues no lo sé, chico, ¡hay tantos sitios donde esconderse!" Es cierto, hay tantos sitios... que lo raro sería no desaparecer de vez en cuando.Bares, cines, callejuelas, masajes, libros, puertos al atardecer... Nos pasamos la vida buscando unas cosas y encontrando otras. Por ej: bajas una de estas noches al cine de verano, aquí, en el barrio, y te conmueve la guapa chica joven que tienes delante -25 años, quizá-, perdidamente enamorada de su novio, que también bebe los vientos por ella, no hay más que verlos. '¡Que tengáis mucha suerte!' les deseas en silencio, romántico como eres. Cuatro días después, bajas al mismo cine de verano. Un par de filas más adelante, algo a tu izquierda, descubres a la encantadora muchacha de bello perfil y hermosos muslos torneados: sigue igual de enamorada y luminosa, pero, ay, esta noche es otro su amor, otro joven igualmente afortunado. Entre una y otra película, algo se ha perdido y algo ha llegado por sorpresa. Te quedas mirando a esa belleza radiante: qué feliz parece y qué enamorada está. Se apagan las luces y empieza Drive, cine negro del bueno. En el intermedio -visite nuestro bar-, miras a tu izquierda, dos filas adelante, y el amor resulta inocultable, jovial, impetuoso. Quieres creer que tú eres el único que está al corriente de las cosas. Luego, a la salida, pensarás que si no estuvieras tan retirado de la circulación, o sea, en otro tiempo, hubieras presentado tu candidatura ante la bella muchacha, tan alegre, para ver juntos la próxima película en el cine de verano. La vida es bella, cambiante, sorprendente.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)