martes, 10 de julio de 2012

publicidad

El concejal de Cultura de mi pueblo -Medina de Rioseco, en Tierra de Campos, Valladolid- me ha propuesto participar este verano en un ciclo de conferencias cuyo punto de partida es la "cultura y..." En mi caso debo hablar sobre "cultura y publicidad". Todavía no sé muy bien qué voy a decir en esa charla. De momento, tan sólo he tomado algunas notas sueltas que más adelante trataré de desarrollar y dar forma. Sé que con este tema me voy a meter en un jardín, pero lo acepto con gusto. Yo suelo decir aquello de "pudiendo complicar, para qué simplificar". Además, no puedo negarme: quien me lo ha pedido es una persona agradable, educada, con estilo (no parece un político; en realidad no lo es, o eso creo), y por si no fuera suficiente, está inscrito desde hace casi un año como "seguidor" de este blog. En esas notas volanderas que voy apuntando, la publicidad aparece con categoría de género de ficción (o 'subgénero', si se quiere), como puedan ser el relato policíaco, las telenovelas o el bolero. Y quizá sea eso lo que más me interesa de este tema: aquello que la publicidad tiene de ficción, de construcción o composición 'artística'. La publicidad no engaña a nadie, como no engaña el cine o la novela, porque todos participamos tácitamente del juego. Sabemos que un martini no es lo que aparece en un spot de Martini, pero nos encantan los spots de Martini, y cuando vemos esa botella, con esa etiqueta, ese logo, junto a esas dos copas de martini que el camarero trae en una bandeja redonda  sobre su mano izquierda..., el anuncio de Martini está sobrevolando nuestra memoria, y lo hace de un modo semejante (por favor, que nadie se me escandalice a estas alturas) a cuando suena As Time Goes By y se nos viene a la emoción el rostro y la mirada inolvidable de Ingrid Bergman en Casablanca. También tengo anotado por ahí que la publicidad persigue (y logra) una 'sublimación' del producto anunciado, y que eso conlleva un cierto 'amaneramiento' del estilo, del lenguaje. ¿La publicidad es cultura? Sí, por supuesto: cultura popular, cultura de masas, cultura para todos los públicos, ya se trate de personas cultas, semicultas, escasamente leídas o fans de Belén Esteban. Da igual, aquí tenemos imaginación y respuestas eficaces para todos. ¿Qué necesidades tiene usted, cliente? ¿Y cuáles son sus sueños, consumidor? Pues vamos a hacer una campaña que a ambos les va a enamorar. Una propuesta que no podrán rechazar. Beso. Sube la música. Fundido en negro. The End. 

lunes, 9 de julio de 2012

relato de verano / 3

En la anterior entrega habíamos dejado a Ginés tratando de averiguar de qué iba ese juego que su vecina TT le estaba proponindo desde la distancia en el post it: "...mañana viernes me puedes ver aquí, a través del espejo." "Alice". Sagazmente concluyó que, a través del espejo, Alicia quería llevarle al país de las maravillas. Hoy ya es viernes noche en el relato. Calor. Un macro gintónic en copa de balón aplaca la sed de Ginés y alivia la espera en el lento discurrir de los minutos. Ya rato que tiene sintonizado Paramount Channel, a la espera de que dé comienzo la  película a que aludía la nota. Cada poco va al dormitorio donde tiene instalado el artefacto de ver las estrellas orientado al espejo de sus vecina. En uno de esos viajes descubre que una de las dos persianas -la de la derecha- que tiene el gran ventanal de TT, ha sido bajada, con lo cual la mitad del escenario queda oculta a sus ojos, aunque, por fortuna, el espejo está en la parte visible, a la izquierda; sin embargo, el sofá ahora permanece vedado a la vista, aunque por muy poco. "Si empezamos así...", se lamenta Ginés, torciendo el gesto. En  vista de que nada sucede, regresa al cuarto de estar. Por fin, tras un larguísimo bloque publicitario, da comienzo una peli en blanco y negro que él reconoce de inmediato. La secuencia prólogo resulta inconfundible: una mano de hombre maduro sostiene un dulce pie adolescente mientras con la diestra va introduciendo con delicadeza suprema una pequeña nube de algodón entre los dedos de ese pie, a fin de separar unos de otros para facilitar la meticulosa tarea de pintar las pequeñas uñas de la perturbadora Sue Lyon, Lolita. Entre escena y escena, Ginés va y viene del televisor al teleobjetivo, a veces con parada en la cocina, para reponer hielo. Casi tres horas después (contando los cortes publicitarios) Lolita  ha terminado y Ginés está borracho, bastante borracho, aunque mantiene la capacidad de mirar y el deseo irrenunciable de averiguar qué sucede allí enfrente. Y sucede que... tras ajustar el zoom, aparecen dos dedos de una mano sosteniendo un pequeño pincel que recorre muy despacio la uña del dedo gordo del pie y extiende un esmalte rojo brillante, un rojo más bien oscuro, pero encendido, "como las pasiones más avasalladoras", fantasea Ginés desde su observatorio. La ebriedad no le impide saber que TT está reproduciendo para él  la escena prólogo de Lolita. Pero, llevado por la intuición, empieza a abrir campo muy despacio, desplazámdose a la derecha, milímetro a milímetro. Tal que en un plano secuencia programado, Ginés ha ido ascendiendo a través del espejo por la pierna desnuda de TT, para, tras un pequeño quiebro en la rodilla, continuar muslo arriba hasta alcanzar la delicada ingle. Ahí se detiene y aumenta zoom. Una gruesa gota de sudor se desprende de su frente y se estrella en la baldosa del suelo, apenas a un centímetro del pie descalzo. (Continuará)

viernes, 6 de julio de 2012

de vita beata

La vida del rodríguez en Madrid durante el verano goza de una leyenda golfa y un prestigio sólo apto para los muy muy vividores. Yo mismo me he ocupado y divertido alimentando esa leyenda, que en mi caso es una pura invención. Cada verano, cuando inauguro el estado civil de rodríguez, le digo a todo el mundo, ya sea de viva voz o por escrito, que da comienzo la temporada de festejos en mi casa: barra libre y orgías todas las noches, con gang-bang, intercambios, travelos venezolanos, estupefacientes diversos, porno duro (bonzage) y fin de fiesta flamenco hasta las claras del día. Y no faltará quien piense o sospeche que utilizo la técnica de la exageración hiperbólica para ocultar una cierta doble vida: la cara A sería la de una apariencia discreta, respetable; la B, un desmelene de crápula en garitos semiclandestinos muy recomendables (a condición de no admitir jamás haber estado en ellos). Yo, por vanidad canalla, dejo que circulen las dudas y sospechas sobre mi vida loca de rodríguez. Y lo cierto es que si tuviera en el desván un retrato mío como el de Dorian Gray, es muy probable que me entregara a la mejor mala vida y cayera rendido en los brazos del vicio (¡qué bonito!). Llegados a este punto, cómo no traer aquí aquellos alejandrinos inolvidables de Juana de Ibarbourou: "el inmenso bostezo de mi paz cambiaría / por el barro dorado de tus noches de orgía." Pero nadie quiere hacerme ese retrato. En realidad, llevo una vida monacal: me levanto al amanecer, ejercicio físico, comidas frugales, silencio, lectura, meditación, cantatas de J.S. Bach, horas y más horas en el scriptorium. Nunca suena el timbre, y rara vez el teléfono. Nadie me propone terrazas con gintonics de Hendrich o Miller's. Ay de los tiempos y veranos, cuando todavía casi joven y aún no del todo monje... Aunque para monje-monje, ninguno como este José Monge Cruz que está sonando ahora -Dios lo tenga en su Gloria- con estas bulerías inmensas (París, 1987) que quitan el sentido. Hacía tiempo que no escuchaba esta grabación cumbre. Camarón (con Tomatito siempre), más que un príncipe es un un arcángel que arrebata, tantos años después. De tal modo arrebata que, cuando José canta el cante (y no quisiera yo parecer aquí un Rafael de León) logra que uno se olvide de todo, incluso de que ya hace una hora o más de que es la hora de comer. Pero escuchando estos fandangos, y luego la taranta, y los tangos, y las alegrías... se le va a uno el santo al cielo, y olvida y olvida, y se deja llevar.

jueves, 5 de julio de 2012

relato de verano / 2

En el capítulo anterior habíamos dejado a Ginés Barbadillo con un gintónic en la mano, celebrando el regreso a casa de su vecina Treinta y Tantos tras largas semanas de ausencia. De acuerdo que TT no había vuelto a exhibir sus artes más acreditadas desde muchos meses atrás, pero durante todo ese tiempo ello no evitó que Ginés, con sólo verla cruzar el salón un instante, o saber que ella estaba allí, sintiera una especie de gratitud retrospectiva por las inolvidables noches de gloria que le había brindado aquella chica encantadora a la que conocía como la palma de su mano, a pesar de no haber oído su voz ni estado nunca a menos de 50 metros de ella. Y tampoco es que él lo deseara, pues tenía el convencimiento de que si pasaban a otro nivel de relación más convencional, todo acabaría echándose a perder. Si la fórmula había funcionado, ¿por qué cambiarla? Esa noche del regreso, domingo, Ginés repasó los tiempos felices y los episodios más excitantes que TT le había regalado desde poco después de que él viniese a vivir en este piso del Barrio de Salamanca. Con sólo evocarlos en la oscuridad fue suficiente para que un onanismo lento, casi no deliberado, se abriera paso como un largo adagio en el silencio de la noche estival. Han pasado uno, dos, tres días sin novedad en el apartamento de enfrente. Pero eso es casi lo de menos para Ginés; lo realmente importante es que ella está allí, y el solo hecho de ver las persianas levantadas y el salón iluminado ya es motivo de alegría. Y de esperanza. Al cuarto día, jueves, ya de noche, Ginés observa que el espejo de dos metros de alto, aprox, ha cambiado ligeramente de posición, aunque no de emplazamiento: ahora aparece no ya frontal sino levemente girado hacia la izquierda. En él detecta algo en lo que no había reparado: en la parte inferior derecha hay lo que parece una etiqueta adherida. Puesto que no tiene nada mejor que hacer, se dirige a l'osservatore romano para ver en detalle desde el telescopio de altas prestaciones el PVP y acaso el nombre y dirección del lugar de compra. El desuso prolongado le ha hecho perder destreza en el manejo del zoom, el foco, el croma y demás, pero no tarda demasiado en acercarse al espacio donde aparece el recuadro de la supuesta etiqueta. Advierte que en realidad es un post it de color rosa del tamaño de casi 1/4 de folio, calcula Ginés. El texto se ve muy borroso. Tiene que ajustar mucho mejor el foco para poder leerlo. Tras sucesivos ajustes y pruebas, aparecen varias líneas escritas a mano en rotulador azul. Ginés lee despacio, pronunciando cada sílaba: "¿cuánto tiempo, no? Mañana viernes, después de la peli de Paramount Channel, me puedes ver aquí, a través del espejo." Y debajo, subrayado, un nombre: "Alice". (Continuará)

miércoles, 4 de julio de 2012

lo inacabado

Leo en un artículo de Rafael Argullol publicado en Babelia el pasado sábado: "... era mejor el non finito, la obra inacabada, la figura atrapada en la piedra. Miguel Ángel lo demuestra en varias esculturas al final de sus días." Y eso me recuerda algo que leí hace muchos años: "todo lo que queda en suspenso se transforma inmediatamente en lírico" (cito de memoria), decía en algún libro Francisco Umbral. Creo que eso es cierto. Las obras inconclusas, las historias incabadas, los amores que quedan interrumpidos, sin desenlace, adquieren una poética muy particular. Quizá lo que más nos atrae (a mí desde luego que sí) sea la expectativa que queda abierta para siempre, todo aquello que no está, que no llegó a ser... salvo en potencia. Esa es la cuestión: lo que no está físicamente, pero sí de un modo latente, 'en potencia'. Esa ambigüedad de puntos suspensivos y fronteras borrosas es lo que, quizá, le aporta un encanto indefinido a todo aquello que queda inacabado. Es muy probable, aunque discutible, que la mayoría de las obras inacabadas -partituras, cuadros, novelas, catedrales- habrían perdido parte de su encanto en el caso de haber sido concluidas. Qué gran libro de poesía se podría conseguir a base de poemas sin final, en los que a cada poema le faltaran uno, cinco, diez, veinte o más versos que no no llegaron a ser... escritos. Voy un poco más allá. Aunque sea un tópico, creo que todos hemos tenido alguna vez este pensamiento: ¿qué hubiera escrito Lorca de no haber sido asesinado a la edad de 38 años?  Sabemos que por entonces, verano del 36, se hallaba en un momento de gran madurez y creatividad, tanto en la poesía como en el teatro. ¿Qué poemas o ideas como pájaros andarían sobrevolando su cabeza durante el largo viaje en tren de Madrid a  Granada, aquel 13 de julio? ¿Como sería el 'soneto del amor oscuro' que haría el número 12, de haberlo escrito? Posiblemente no sea descabellado tener la sospecha, al menos la sospecha, de que lo mejor de Lorca estaba aún por llegar. No sé si es bendita inocencia o fruto del error de confundir la relidad con los deseos, pero yo tiendo a creer, lo confieso, que lo mejor está siempre por llegar.

martes, 3 de julio de 2012

relato de verano / 1

Como sabe el lector, el calor del verano altera los comportamientos y modifica los hábitos, y como cada año, con la llegada de julio, el patio de manzana al que asoma el piso de Ginés Barbadillo, entre otras muchas viviendas, se ha quedado sin apenas persianas levantadas. La mayoría posee una segunda residencia en la sierra o en algún pueblo no demasiado lejos de Madrid. Por suerte para Ginés, su vecina de allí enfrente -a la que él llama Treinta y Tantos-, que ha estado fuera durante las últimas semanas, ha regresado a su domicilio, a unos 50 metros en línea recta, y, como de costumbre, al caer la noche, Treinta y Tantos levanta la persiana del doble ventanal acristalado, dejando a la vista el salón de su apartamento. TT vive sola, es atractiva y tiene sus... particularidades: entre otras, el gusto por dejarse ver ligera de ropa. Y más aun sin ella. Ese fue el motivo por el que Ginés se gastó un pastón en un aparato para ver de cerca las estrellas: en realidad, una única estrella. Ahora, al comprobar que allí vuelve a lucir la luz tras casi un mes de persianas bajadas, Ginés se ha servido un gintónic con mucho hielo para celebrarlo. A primera vista, ha notado algo raro en el apartamento de TT. ¿Qué es aquello? Es un espejo de unos... dos metros de alto por uno de ancho -calcula-, sin marco, apoyado en el suelo y en la pared. La ocasión está pidiendo a gritos sacar del armario el telescopio e instalarlo en lo que él llama l'osservatore romano, el mejor emplazamiento de la casa para ver, sin ser visto, a su vecina preferida muy de cerca. Sobre los rescoldos del gintónic se sirve un segundo pelotazo, con más gin que tónic y dos nuevas piedras de hielo. Pero, al regresar de la cocina con la copa renovada y la ilusión por todo lo alto, la cálida luz del apartamento de enfrente se ha apagado. Aunque la persiana permanece levantada, como en los mejores tiempos, como aquella noche inolvidable en que ella apareció rutilante y deslumbradora, tal que 'Venus Saliendo de las Aguas'. Con la vuelta a casa de TT, Ginés vuelve a ser Ginés. (Continuará)

lunes, 2 de julio de 2012

nosotros y el fútbol

1) En mi casa se vive el fútbol con pasión. Antes de los partidos, en particular de los grandes partidos, escrutamos las alineaciones, discrepamos o asentimos acerca del planteamiento 4-4-2, doble pivote, rombo, falso 9, etc. A falta de media hora para que empiece el encuentro, por toda la casa se cruzan los comentarios radiofónicos de Carrusel Deportivo (SER) y de Tiempo de  Juego (Paco González, en la Cope). Del salón a la cocina (tal que “del Portillo a la Arganzuela”) se percibe la tensa espera, los nervios, casi como del vestuario al pasillo que conduce al terreno de juego. La pizza barbacoa está ya en el horno y el mantel de cuadros llega a la mesa baja, frente al televisor panorámico LG 37’. 2) Es verdad que en España se sobreactúa mucho con casi todo, y los éxitos deportivos (y los fracasos) se exageran hasta unos extremos a menudo sonrojantes. Pero eso no es casual: aquí la desmesura ‘vende’, y el exceso forma parte de nuestro paisaje sociológico. A mí eso me desagrada, pero es así, y de nada sirve negarlo o hacerse de nuevas. 3) Entiendo a los que, en  situaciones como la que hemos vivido las últimas tres semanas de Eurocopa a todas horas, se irritan o se indignan o se muestran apesadumbrados, incluso abatidos, al ver a toda una sociedad anestesiada por algo tan burdo como el ‘pan y circo’, y por el consabido ‘opio del pueblo’. Vale. Yo no digo que eso no sea del todo así; es más: lo doy por hecho en gran medida; pero también afirmo y reclamo la necesidad de un poco de opio cada cierto tiempo, con mayor motivo en años de crisis. ¿Por qué el ‘opio’ está tan mal visto? ¿No habíamos quedado en que todos los puritanismos eran anacrónicos, estreñidos, retrógrados? 4) Lo de anoche en la Final de la Eurocopa fue de lo más hermoso que yo recuerde haber visto en mi vida. ¡Qué maravilla! Qué manera de moverse y de tocar el balón, mejor incluso que el Brasil del 70, si cabe. Más que centrocampistas, carrileros, interiores, mediapuntas, matas, pedritos, torres de ajedrez, etc, lo que vimos y oímos fue un grupo de violinistas que fingían jugar al fútbol, aunque su manera de atacar la partitura era un movimiento desplegado en acordeón. Que no se acabe nunca la memoria. Que no perdamos el recuerdo de esta alegría efímera, de esta felicidad. Mi hijo Ignacio, antes de cumplir los 10 años, pronunció una frase maravillosa que nunca olvidaremos en esta casa; le dijo a su hermano mayor algo muy suyo que quizá ya he traído aquí: "Oye, Luis, menos chulería y más Vicente del Bosque."