viernes, 25 de enero de 2013

confesiones de un mirón

Queridos míos:
Despido aquí este diario de un copy en crisis y os invito a entrar en el nuevo blog que voy a inaugurar mañana, viernes, 25 de enero, a la hora de costumbre.
Nombre: confesiones de un mirón.
Dirección: confesionesdeunmiron.blogspot.com 
En cuanto a la gráfica, no es la definitiva, puesto que se encuentra en fase de pruebas, pendiente de pequeñas modificaciones. En ello está Jerónimo Pérez Cruz   -Jero-, amigo, excompañero y fino director de arte, alma caritativa que -dadas mis severas limitaciones en ese y otros terrenos- se ha hecho cargo del asunto. De modo que, como dijo el otro con inolvidable acento tejano, 'estamos trabajando en ello'. Así pues, el copy se despide y deja libre el ojo de la cerradura por donde se asomará cada viernes el mirón. Buenas noches y hasta mañana. Será un placer.

lunes, 21 de enero de 2013

¿qué hay de nuevo, viejo?

Es como volver a casa después de un largo viaje: tienes la impresión de que los hijos han crecido y las plantas parecen más frondosas. Se siente uno raro al abrir la puerta y entrar en este blog un mes después. Por regla general, a la gente le importa más bien poco, pero parece que lo correcto fuese responder a las preguntas de ¿dónde has estado últimamente, qué has hecho en este tiempo, qué te ha deparado el viaje o la experiencia? En fin, esas cosas protocolarias de buena educación. Y luego está la inevitable 'ya tendrías ganas de volver, ¿no?' Es entonces cuando uno se lo piensa un poco y descubre que no tiene muy claro si tenía o no ganas de volver. ¡Es tan tentadora la idea (vana idea) de ser echado de menos por alguien en algún momento! Y no digamos ya la atracción fatal que ejerce la mera posibilidad, tan remota, de ser declarado 'en paradero desconocido'. Pero no, no soy tan aventurero ni mi vanidad llega a tanto, aunque todo se andará. Bien. Lo cierto es que el alivio que he sentido (o lo que sea) al no estar obligado a escribir cada día el post de este blog... ha sido la señal inequívoca de que al diario de un copy en crisis solo le quedaba dar las gracias y despedirse. A partir de ahora, nada de diario; en cuanto al copy, hace tiempo que dejé de serlo por falta de actividad; en crisis solo era un complemento de estado o circunstancial. ¿Y bien? ¿Qué tal escribir algo un día a la semana, pongamos los viernes, a esta misma hora, donde ir contando alguna que otra cosa vista o leída, escuchada, sonreída? Es posible incluso que el próximo viernes inaugure el nuevo blog. ¿Nombre? Lo tengo, sí, aunque a falta de confirmar si está libre o no en la blogosfera. Creo que mañana o pasado ya sabré algo. En cualquier caso, lo haré público aquí mismo en cuanto lo sepa: uno, dos, tres días, no más. Entretanto, tal como están las cosas -y puesto que el deseo es lo último que se pierde-, no descarto que  mis velas de cada noche a Robespierre empiecen a dar sus frutos, aunque sean escasos frutos.

jueves, 20 de diciembre de 2012

500

"Hoy, lunes, 27 del 9, ha sido un buen día." Esta fue la primera frase que escribí en este blog, hace ya más de dos años. Esa primera entrada llevaba por título "Diario de un copy... en crisis", y no recuerdo si el post dio nombre al blog o fue al revés. Lo cierto es que en esa época -septiembre de 2010- trabajaba en el departamento creativo de una agencia de publicidad, y por aquellos días yo era precisamente eso: un copy en crisis, y también en medio de la crisis. Desde entonces, la crisis ha ido a más y a peor. La agencia desapareció hace ahora un año. Yo he dejado de ser copy, o al menos de ejercer como tal, cosa que viene a ser lo mismo. Digamos que he pasado 'a la reserva activa'. Sin embargo, no por ello me he deprimido ni abrumado en exceso, sino que, por el contrario, he sentido un cierto alivio. Y este blog, que hoy cumple 500 posts, me ha servido de gran ayuda: terapia ocupacional, disciplina, ejercicio, divertimento, comunicación con el exterior, alguna nueva amistad... Pero 500 páginas o 500 noches es una cifra que invita, casi obliga, a detenerse y reflexionar. Hace tiempo que vengo pensando en ello, y creo que ha llegado el momento de escribir la palabra 'fin'. O bien, 'fin de la primera parte'. De momento, me voy a tomar un tiempo para pensar qué hacer con este blog. Tengo varias opciones: la primera y más sencilla sería hacerle un tuning, un lifting, un restyling... y volver a ponerlo en circulación; una segunda consistiría en transformarlo en otra cosa, en otro blog, en algo que aún ni siquiera sospecho; pero también podría darlo sensatamente por concluido y decir aquello de 'fue hermoso mientras duró'. Veremos. En cualquier caso, creo que este silencio le sentará bien al blog. Y a sus lectores. De un tiempo a esta parte, estoy demasiado airado, indignado, furioso a veces ante el actual estado de cosas, y eso me dificulta cada vez más el mantener aquí las formas sonrientes de un cierto estilo, de una cierta elegancia. Sí, confieso que cada día me cuesta más evitar la tentación de convertir este diario en un panfleto contra la barbarie. Dicho de otro modo: todas las noches, antes de acostarme, le pongo una vela a Robespierre. Bueno, dejémoslo ahí. Hoy es 20 de diciembre. Dentro de un mes, el 21 de enero, lunes, me paso por aquí para informar de cómo están las cosas y cuáles son mis planes. Hasta entonces, gracias a todos por la compañía y... feliz Navidad.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

esperando la nieve

Anteayer, lunes, hablaba yo aquí del espacio en blanco, del libro en blanco, del cuadro en blanco. Sin darme cuenta, esa especie de rapsodia en blanco estaba despejando el panorama para recibir como es debido a la blanca Navidad: sin nada que entorpezca el discurrir de las ideas  y de los sentimientos. A la vez que colocamos en el salón las figuritas del belén -con mula y buey incluidos, se pongan como se pongan-, conviene asimismo ir retirando ruidos, estorbos, acumulaciones, botellas vacías, palabras de más. Doce meses llenos de días nos dejan grandes excedentes que obstaculizan el tráfico y dificultan  la ventilación. Por eso hay que ir llenando bolsas de basura con todo aquello que excede, ya sea materia orgánica, envases de ideas caducadas, artefactos inútiles u obsoletos, broza del alma, jarrones insufribles, cuadros recargados de ciervos... Fuera, fuera. Hay que despejar el paisaje y dejarlo listo para recibir la nieve, la benéfica nieve de las navidades blancas, y para entrar en el nuevo año limpios de polvo y paja, aunque quizá no sea esta la expresión más afortunada. No es casual que, tradicionalmente, el 1 de enero, cuando nos levantamos de la la cama, siempre están televisando desde Insbruck o alguna otra estación alpina el campeonato de saltos de esquí. Es una manera simbólica de empezar el año en blanco, sin contaminaciones ni herencias recibidas, como si nos hubiéramos perdonado todo lo anterior y la vida nos diera una nueva oportunidad, un folio en blanco. Pero también, frente a la contaminación acústica, se extiende ante nosotros como una llanura el silencio que habita en el blanco. Quizá por eso, cuando algo extraordinario hace que nos quedemos 'sin palabras', decimos que nos hemos quedado 'en blanco'. Bienvenido pues sea el color blanco que vuelve siempre por Navidad. A pesar de que tenemos sobradas razones para sospechar que es una tregua que concede el sistema (o quien sea), acaso una tregua-trampa, para que nos confiemos y nos volvamos, como dijo el poeta, "santamente bobos". Aunque ya sabemos que esa blanca tregua dura lo que dura: pasados los  Reyes, se reanuda el tiro al blanco.

martes, 18 de diciembre de 2012

el gris tiene su encanto

A esta hora, normalmente, tengo ya el post muy avanzado o casi listo para publicar. Mientras venía hacia aquí, iba pensando "hoy no hay blog, no tengo tema", pero, a falta de ideas, lo que sí me surgían eran no menos de media docena de disculpas irrebatibles, de esas que le eximen a uno por completo de cualquier obligación. Como la plancha que, al menos una vez al año, se dejaba encendida en casa un director creativo amigo mío, y tenía que salir de la agencia a toda velocidad para tratar de evitar una tragedia. "¡¡¡Hostia, la plancha, la plancha!!!", exclamaba de pronto, llevándose las manos a la cabeza, y todos, conocedores de lo despistado que era, lo entendían y se hacían cargo de la dramática situación. "¡Corre, Fernando, corre, pilla un taxi!" Creo recordar que ya lo conté aquí en alguna ocasión. Pero, sí, lo cierto es que se me venían las disculpas como las olas a la playa, una tras otra, para justificar, mañana, el post que hoy no iba a escribir. Y lo cierto también es que he llegado tarde porque... me he dejado llevar por ahí, por el centro, mirando escaparates y portales, alguna librería (Antonio Machado, Blanquerna) o el aspecto y las caras de los transeúntes que me salían al paso. Una de esas mañanas crudas de invierno en las que se pasaría uno las horas muy a gusto dejándose llevar por las calles... y por las divagaciones. Hoy el color gris dominaba la escena por completo, un gris muy transitable y con el grado idóneo de humedad en el ambiente. Creo que, en realidad, quería retrasar mi vuelta para, de ese modo, llegar tarde a un post para el que no tenía tema. Y estando en esas -con las manos en los bolsillos del chaquetón, mientras esperaba que el semáforo se pusiera en verde-, me he acordado de una vieja canción que siempre me gustó: Tot és gris (Misty), en versión de Núria Feliu y Tete Montoliu. Una hermosa canción para escuchar de memoria mientras observas, del otro lado del semáforo, las caras de las personas que dentro de unos segundos se van a cruzar contigo. De pronto, se enciende la luz verde y, los de este lado y  los de enfrente echamos a andar, como formando parte de una coreografía gris. Todo es jazz.  
Tot és gris - núria feliu i tete montoliu - goear.com

lunes, 17 de diciembre de 2012

¿un banco en blanco?

Desde luego, es un anuncio muy notorio: una doble página en blanco, o casi, no es algo que pase desapercibido. Es la campaña con la que sueña todo creativo de publicidad. Como el libro sin palabras es el sueño de todo escritor, y más aún si está en crisis. O el cuadro en blanco (que no es lo mismo que el 'Cuadro blanco sobre fondo blanco' de Malévich) lo es para todo artista. Sin embargo, los creativos de esa campaña (o los ejecutivos de la cuenta, o alguien) no se han atrevido a ser consecuentes del todo y le han obligado al copy a romper el pacto de silencio y claudicar: "Hemos comprado este espacio para que no contenga noticias ni opiniones. Este tiempo es para ti." Lástima. Esa concesión innecesaria se ha ganado perder un león de Cannes (Festival de Publicidad). El Cliente habrá quedado muy satisfecho con la inclusión de ese pequeño texto, pero estoy seguro de que el copy, obligado a escribirlo, lo considerará una derrota, una triste renuncia a la creatividad. Lo siento, compañero, pero, cuando te las prometías tan felices... te la han vuelto a meter doblada. Aunque no me sorprende. Yo intenté hacerlo varias veces, y en distintas modalidades, pero mi esfuerzo hacia el puro blanco de escritura siempre resultó infructuoso. En alguna ocasión propuse a la agencia ahorrar tiempo y esfuerzo (o sea, dinero) en la presentación de la campaña al cliente. Una presentación sin argumentarios ni razonamientos ni estrategias creativas ni nada: la idea y punto; eso sí, precedida de apenas diez palabras: "nuestra campaña es tan irrebatible que... sobra todo lo demás." Pese a la fuerza argumental, mi sugerencia no fue admitida a trámite. En otra ocasión, y en otra agencia, propuse que, puesto que el concepto creativo era tan potente, y haciendo mío eso de que nadie lee el cuerpo de texto de los anuncios, ¿por qué no rellenar el body copy con el texto figurado de un impecable lorem ipsum? Y rematé la argumentación con una media verónica bien gitana: 'donde esté un buen lorem ipsum, que se quite cualquier vulgar opera omnia.' Pero no coló. Como tampoco cuela el vergonzante "hemos comprado este espacio", etcétera, de ING Direct. Es verdad que se han acercado, y mucho, al anuncio perfecto de un banco, a la cuña de radio o la doble página que menos molesta o enfada en estos días, pero, al final, cuando estaban a punto de conseguirlo, sintieron vértigo y... dieron un paso atrás. Claro que tampoco podemos pedirles demasiado: aunque sean holandeses y tengan por color corporativo el orange, al final son un banco. Y un banco siempre es un banco, de igual modo que en Gilda "un dólar es un dólar en cualquier idioma."

viernes, 14 de diciembre de 2012

vagar

Salir sin rumbo ni objetivo a esa hora imprecisa que solemos llamar 'entre dos luces'. Salir para dejarse uno llevar a ninguna parte por las calles más feas o menos frecuentadas, vagando por ahí como perro sin collar. Ayer volví a hacerlo. Ir por donde nunca o muy rara vez vamos. Observar la cara B de los bloques de pisos, las ventanas más descuidadas, las cuerdas con ropa tendida, todo ese paisaje urbano donde nadie se haría nunca fotos con la familia. Tiene algo de inconfesable ese vagabundeo de quien observa sin permiso todo aquello que no está ahí para ser observado. Para hacer eso, conviene pasar desapercibido en lo posible, como quien se mimetiza con el entorno hasta formar parte del paisaje. La realidad tiene rendijas, pequeñas grietas por donde pueden verse sus interioridades, sus partes más íntimas. Detectar esas rendijas es la tarea y el anhelo de todo buen mirón. Hay contenedores de basura, locales cerrados, carteles de 'se vende', un gato que cruza la acera... Ayer descubrí, ya casi de noche, que no hay mayor soledad que la de una peluquería de barrio con las luces encendidas y sin nadie dentro. Es una una imagen desoladora. Yo creo que el peluquero se metió en la trastienda por pudor, para no dar pena ni añadir más motivos a la desolación. Aunque también pude mirar y ver silencios y quietudes a los que nadie más que yo asistió a esa hora, en ese instante. Aquí, en este barrio, los bloques de pisos suelen tener jardines a la entrada. Con las primeras luces del alumbrado eléctrico, observé un ciprés más alto que su sombra y que se elevaba por encima de la ventana más alta, más sereno que arrogante, más orgulloso que soberbio. Un ciprés, sí, bien educado y como procedente de las mejores familias toscanas. También algún magnolio quieto de hojas barnizadas que parecía haber acogido y escuchado minutos antes algún secreto inconfesable (nadie sabe lo que una discreta ama de casa es capaz de soñar o de poner en marcha, a sabiendas o no). Lo mismo cabe decir de un insospechado y gris conserje o subalterno próximo a la jubilación. No tenemos ni la menor idea del secreto mundo que callan las farolas y los jardines, y menos aún de todo cuanto pudiera producirse o está a punto de suceder a cada instante. Si de pronto sale de un portal sombrío un hombre de mediana edad y estatura mediana, sonriendo para sus adentros.. ¿qué pasa ahí? Ayer pasó eso mismo delante de mis ojos, y mi mala cabeza se puso en movimiento a toda velocidad. ¿Qué, quién, cómo y cuándo surgió? ¿Hasta cuándo durará? ¿Tendrán hijos ambos? ¿Cómo organizamos el período de entreguerras? Vale, bien, de acuerdo que todo eso queda en el terreno de la hipótesis, pero en todo caso conviene salir de casa sin teléfono que nos tenga pendientes o localizados. Para poder vivir todo eso hay que ser lo más parecido posible a un perro sin collar... y sin teléfono. El anuncio que aparece aquí es tailandés, sí, pero creo que aunque no habléis el thai en la intimidad, vais a entender el spot que os adjunto.  http://www.wimp.com/disconnectconnect/

jueves, 13 de diciembre de 2012

a sabiendas de que no tienen razón

Bien. No pasó nada ayer, o al menos nada grave o estrepitoso, que se sepa. Los más prudentes prefieren poner la fecha en cuarentena y esperar a ver qué pasa, pero yo no soy prudente y doy la fecha por vencida. Se me amontonan los periódicos, las canciones escuchadas, las frases o los versos que anoto en los papeles que tengo más a mano. Leo: "Los banqueros actúan como el crimen organizado, pero con licencia", palabra del cineasta mexicano Guillermo del Toro. Dos señoras de la limpieza conversan en una viñeta de El Roto; dice una: "Estoy pensando en robar un banco." La otra le responde: "Es inútil, eso ya lo habrá hecho el propio banquero." Leo en la sección semanal Sillón de orejas de Manuel Rodriguez Rivero, en Babelia: "...no me extrañaría que, de seguir así las cosas, a algún parado, defraudado, humillado, desahuciado o empobrecido se le escape cualquier día un tomate maduro dirigido a (...) Claro que, de seguir apretando las clavijas al respetable, el espontáneo tomatazo ocasional podría convertirse en una generalizada tomatina que dejaría la de Buñol en divertimento versallesco." Leo un verso antiguo de Juan Gelman: "Esa mujer se parecía a la palabra nunca." Recuerdo una canción muy conocida que empieza diciendo: "Se llamaba Alain Delon / el viajero que quiso enseñarme a besar / en la Gare de Austerlitz."  O escucho después de tantos años La Risa, de Neruda, en mi mala memoria: "No me quites la rosa, / la lanza que desgranas, / el agua que de pronto / estalla en tu alegría", cantaban Olga Manzano y Manuel Picón, cuando entonces. Leo una frase subrayada y anotada un mes atrás, como mínimo: "Hay un vicio en España alimentado por los partidos políticos que hace imposible casi cualquier debate." Y bien, ¿qué vicio es ése? Quizá el peor de todos: "defender a los tuyos aun a sabiendas de que no tienen razón." Quien lo suscribe es esa mujer inteligente y divertida llamada Elvira Lindo; quizá yo exagere, pero me parece lo más lúcido de cuanto he leído de un tiempo a esta parte. Sigo leyendo recortes, ahora de la última columna del maestro Vicent: "Aquella rebelión -dice- inauguró una forma de vivir, de amar, de crear, de morir. Tal vez el 15 M es nuestro mayo del 68, el que fermenta las uvas de la ira española."

miércoles, 12 de diciembre de 2012

números cantan

Ha llegado al fin la fecha de la que tanto hablaban los exégetas de los números: el 12 del 12 del 12. Desde primera hora estoy muy atento a los informativos de la radio, a Internet y a todo lo que se mueve, por si se produjera algo que justificara una reacción en cadena de  los cabalistas: "¡claro, ya lo advertí yo!" Es mediodía y aún no ha sucedido nada extraordinario (quiero decir 'no más extraordinario' que cualquier otro miércoles), aunque ¡ojo!, la jornada es larga y esto puede dar muchas vueltas y alguna sorpresa. Yo, la verdad, no soy nada fanático de los números (prefiero las letras, que son menos) pero entiendo que puedan resultar atractivos. Y misteriosos. Pondré un ejemplo. Hay noches en las que me despierto en varias ocasiones a lo largo de la madrugada, y cada vez que miro al radiodespertador coincide que son las 03.03, y vuelvo a despertarme a las 04.04, y a las 05.05, y así. ¿Por qué? Y eso sin entrar en algo que todos los aficionados a los casinos saben que existe: las rachas en el juego. A mí, el azar, el "redondo, seguro azar", que decía Salinas, siempre me ha parecido muy sospechoso. Pero dejemos eso ahora. Hay una canción de José Luis Rodríguez, El Puma, cuyo estribillo es lo más indescifrable que yo haya escuchado nunca: "Numerao, numerao, / viva la numeración", dice y repite. ¿Se puede saber de qué numeración está hablando y a qué se refiere con ello? Lo cierto es que todos estamos rodeados de números, como las islas están rodeadas de mar: los veinte dígitos de la cuenta bancaria, los nueve del móvil, los ocho del DNI, los cinco del código postal, el peso y las medidas de cada uno, los zapatos del 44, la talla 56, el 15 de septiembre, el 30 de octubre, El número Pi de Wislawa Szymborska... Después de todo, la vida es aquello que sucede entre dos fechas. Sin embrago, los que no tenemos bastante con una sola vida, necesitamos entrar en otras vidas, en las vidas de los otros, o sea, necesitamos ver películas, leer libros, disfrutar de cada nuevo capítulo de Downton Abbey. Por cierto, el pasado miércoles, la gran Maggie Smith -en el papel de la condesa de Grantham- soltó esta perla: "No hay triunfo mayor que el del exceso." Tal como adelanté aquí hace dos semanas, esta noche mi mujer y yo nos vestiremos adecuadamente para recibir en el salón de nuestra casa a los Crawley. Confío en que, aunque hoy sea 12 del 12 del 12, el azar o los mayas o los secretos de la kábala no nos echen a perder una velada tan singular como la que esperamos vivir en Antena 3. Y hablando de dígitos: es evidente que aquí toda televisión tiene su número: la 1, la 2, Antena 3, la Cuatro, la Sexta, Tele 5, Canal 13... Vamos que, salvo Telemadrid o Intereconomía (en el supuesto de que sigan existiendo a día de hoy), cada canal tiene su número, como cada día su afán.

martes, 11 de diciembre de 2012

de tanto mirarme en ti

De seguir por este camino, no pocos lectores van a acabar pidiéndome que abandone la furiosa actualidad, la realidad 'descalabrante' que nos apedrea, y que mienta dulce y amablemente. Todas las mañanas le digo al mundo y a los periodistas de radio que dejen un espacio para la irrealidad y bella mentira. En estos días, a todos nos vendría bien un espacio reservado para la ficción, el juego, la broma, el vuelo, la risa más que nunca... Así las cosas, me siento obligado a no incrementar la contaminación de la blogosfera. En otras palabras: me siento obligado a no joder en lo posible, ni amargar ni aburrir demasiado al buen lector paciente. Creo que fue en México donde los fieles priistas le gritaban a un candidato, antes de que empezara a hablar en un mitin: "no nos prometa más realidades, ¡queremos sueños!". Ha hecho falta llegar hasta aquí para entender a la primera esa frase de un mexicano bravo "¡Queremos sueños!" Pues claro que queremos sueños y tequila y bellas canciones de amor y de malas novelas en televisión por la tarde. ¿Sabéis cuántas personas de la tercera o cuarta edad esperan (o esperaban) cada día el capítulo de Amar en tiempos revueltos? No os lo imagináis. Balzac o Flaubert o Stendhal o Dickens jamás hubiesen ignorado ese lenguaje cinematográfico, ni menos aun esos millones de personas que miran y escuchan desde el sofá con toda atención. Quien atiende, lee; quien escucha, lee; quien mira, se deja  mirar o leer; quien lee, vive, escucha, atiende, duele, ama, pierde la cabeza, la recupera...Y después de todo eso, con un poco de suerte, descubre el flamenco. ¿Qué tal si para acabar vamos un poquito por alegrías? "¡De tanto mirarme en ti, / como tú me estoy volviendo./ De tanto mirarme en ti, /ay, que si el mar es tan azul,/ es de tanto mirar p'al cielo./ Corazones partíos, yo no los quiero, / que, cuando yo doy el mío, / lo doy entero, lo doy entero." Y dicho esto, ¿cómo explicar aquí el aire y el compás de una granaína, o de una bulería, unos tangos, una malagueña del Mellizo? No sé, doy por bueno que algún flamenco se acuerde de esta copla incomparable: "Que se ha muerto Caracol, / caminito de la gloria, / que se ha muerto Caracol, / también se ha ido Pastora, / y ahora, Artuto Pavón, / vaya gloria pa una gloria." Que tengáis buen martes.

lunes, 10 de diciembre de 2012

desigual

En otras circunstancias yo entraría aquí de lleno a comentar alegremente la campaña publicitaria de Desigual; incluso participaría con gusto en la polémica y tomaría partido en ella. ¿Es provocadora o simplemente machista, como dicen algunos?, ¿refrescante o evasiva?, ¿frívola o desafiante?, ¿mira hacia otro lado o es una saludable bocanada de aire fresco? A mí esos tres spots me hubieran alegrado, incluso 'divertido', hace no mucho tiempo. "¿Tienes un plan? Desigual. La vida es chula". Perfecto. Desenfadado. Casi que encantador. Eso sí, tiene un pequeño handicap: la realidad. El problema, creo yo, no es la campaña en sí misma sino el momento en que aparece y el país donde se ve. Viene al caso aquella anécdota tan brillante: tras el sonoro escándalo que desató el estrenó de Salomé, el autor fue preguntado por un reportero irónico, a la salida del teatro: "Mr. Wilde, ¿cómo valora el estreno de su obra?" La respuesta fue digna de un príncipe, de un dandy: "La obra, un éxito; el público, un fracaso".  Bueno, pues, salvando las distancias siderales, creo que esa campaña tan simpática, tan díver, no aparece en el momento más adecuado. Y no es la única, por cierto: a otras les ocurre lo mismo. La atmósfera que respiramos, el ecosistema en que nos movemos, condicionan la recepción de los mensajes publicitarios. Me explico: de igual modo que crecen cada día las cifras del paro, los escándalos políticos o financieros, las fabulosas fortunas, las evasiones y el fraude fiscal, las desgracias, etc, a la vez que eso sucede, digo, se ha ido generalizando una indisposición a dar por buenas algunas cosas leves que hasta hace poco nos hacían gracia, o al menos cierta gracia. Por supuesto que sigue habiendo un público encantado de recibir ese tipo de mensajes (yo mismo tengo no pocos momentos en los que el cuerpo me pide perder la cabeza y escapar, volar, quemar las naves...), pero compruebo que día a día se va reduciendo el número de simpatizantes de las encantadoras causas divertidas. Lástima. ¡Con lo bien que podríamos pasarlo! Bastaría con repartir beneficios, y con ir pagando las deudas en función de la capacidad de cada uno: tanto ganas, tanto aportas. Estoy simplificando, lo sé, pero una canción dura tres o cinco minutos, y un amor se extiende durante una noche o una semana, o se acerca a los noventa y nueve años. Tengo cincuenta y siete recién cumplidos, y esa es una buena razón para aspirar a casi cien de amor y de alegría, antes de que llegue el Alzheimer o la desgana de vivir. ¿Por dónde iba? Con la cantidad de cosas que hay por disfrutar, libros por leer, películas pendientes, pasadizos que llevan del otoño al invierno, y del invierno a la playa... ¿se puede renunciar a algo, a alguien, a una mirada o un modo de reír? Bueno, pues, llegado el caso, si a pesar de los pesares alguien decidiera escaparse a Tailandia (a vivir un trío, por ejemplo) o al mundo asimétrico de la Desigualdad, pues yo tampoco me pondría grave ni demasiado exigente ni muy severo.  El primer anuncio de Desigual en televisión | Desigual Blog: Atypical since 1984

miércoles, 5 de diciembre de 2012

¡esto es la guerra!, decía groucho marx

Paul Krugman, además de Premio Nobel de Economía, es un gran comunicador. Lo compruebo cada domingo en el artículo semanal que publica en las páginas salmón del suplemento Negocios, de El País. El último empieza así: "El día de las elecciones [en EE.UU], informaba The Boston Blobe, el aeropuerto internacional Logan, en Boston, se estaba quedando sin sitio para aparcar. Pero no para los coches, sino para los aviones privados. Los grandes donantes estaban acudiendo en tropel a la ciudad para asistir a la fiesta de la victoria de Mitt Rommey." La imagen es de tal elocuencia que no requiere pie de foto. Ese artículo lo titula Krugman La guerra de clases en 2012, y viene a coincidir con algo que declaró el multimillonario norteamericano Warren Buffett: "Durante los últimos 20 años -dijo- ha habido una guerra de clases, y mi clase ha vencido." ¿Se puede decir más claro? Aquí, en la patria, ha pasado y está pasando lo mismo: la lucha de clases es brutal, pero no la de los de abajo contra los de arriba, como sería previsible, sino al revés. No hay un solo día en que no oiga, lea o vea en los informativos noticias y declaraciones ante las que no sienta pasmo o incredulidad: es el mundo al revés. Ver hoy o mañana un telediario es una práctica de riesgo, porque pone en peligro la salud del espectador y acaba con la paciencia de cualquiera. Intento evitarlo, de veras que lo intento, pero raro es día en que lo que se dice en los informativos (y peor aún, ¡lo que se deja de decir!) no me produce un serio cabreo que me lleva a soltar dos o tres barbaridades de las que me arrepiento y me avergüenzo en silencio a los cinco segundos de haberlas pronunciado; y no por ellos, ojo (que en otra época les estaría esperando la 'guillotina eléctrica' de Valle Inclán, con público en las gradas), sino por el hecho de verme rebajado, envilecido por momentos, a ese nivel tan feo, tan falto de elegancia moral, y de la otra, al que me llevan durante varios interminables minutos. Y me digo entonces: si ellos supieran que un tipo tan templado y diletante como yo se siente tan furioso (o casi) como Orlando, con esta indignación momentánea, y no digamos ya esa mala baba sorda que cada día crece, que gana terreno a mi alrededor... Si ellos supieron todo esto, ¿no tomarían medidas, precauciones? No sé, quizá es que van tan sobrados, se sienten tan seguros de su fuerza incomparable -en proporción 1/1000- que ni siquiera se plantean la mera posibilidad de dudar un instante. Así las cosas, 999 de cada millar estamos rodeados. Por tanto, tenemos dos alternativas: 1) rendirnos sin condiciones; 2) mirar hacia otro lado y abrir una botella del mejor reserva que encontremos en Lavinia o en El Corte Inglés. Hay una tercera opción, claro está, pero yo soy un prudente padre de familia, un discreto ciudadano que no quiere problemas con los tribunales. Pese a todo, mi resignación estratégica coincide con los análisis más acreditados, como el de Adolfo García Ortega: "Nos están preparando para esto, para aceptar sin violencia estas duras condiciones, y para que nos parezcan una necesidad inevitable." Y que Dios nos coja confesados, ¿no es así? Pues casi que no. Si hay que perder... mejor perder por todo lo alto, como aquellos aventureros que se unían y galopaban alegremente junto a Emiliano Zapata. Después de todo, de perdidos... al río grande.

martes, 4 de diciembre de 2012

¿bailamos... o pedimos champagne?

Hoy el cuerpo me pide swing. Y el alma también. Por eso está sonando ahora, con ese clarinete tan inconfundible, "Si tu vois ma mère", el tema central de la deliciosa comedia de Woody Allen Midnight in Paris. Alguna vez ya he hablado aquí de esa película, y es probable que también de esta música cadenciosa y evocadora como pocas. Para mí ese tema de Sidney Bechet es perfecto, lástima que sólo dure tres minutos y catorce segundos. Y lo es porque me lleva volando sin esfuerzo, me hace ver las imágenes de un mundo que no es, una música que se eleva por encima de la realidad y me sugiere cómo debería ser, a mi parecer, la vida: un baile ligero, amable, desenfadado, perpetuo; con diálogos chispeantes y risas y esbelteces dignas de los mejores anuncios de fragancias. En esa música, en esa fantasía (que me acompañará hasta el final, o eso creo), la vida es bella. Y además en varios idiomas. Es bella porque se parece mucho al cine más alegre y enamoradizo, quizá un poco rosa, sí, ma non troppo: también tendría sus dosis de travesuras y transgresiones. Es bella esa vida porque en ella se da un cruce de géneros: tiene parte de musical, parte de comedia romántica, parte de 'la materia de que están hechos los sueños'. O sea, como el dry martini en la versión de Hitchcock: dos partes de ginebra y una rápida mirada a la botella de vermut. Hay veces en que, por momentos, parece que lo estuviéramos consiguiendo; y es tan maravilloso y tan fugaz que no sabe uno bien en esos casos si abrir mucho los ojos, para no perder detalle, o cerrarlos, para aspirar a fondo ese milagro... y retener la maravilla mientras sea posible. "Si no habitarla, / ah, quién pudiera al menos retenerla", dice Claudio Rodríguez. Pero es tan breve el instante, el beso, el baile, el juego... Y así, bailando, bailando, hemos llegado a este insuperable swing perteneciente a Hannah y sus hermanas. Por el camino, mientras escribía, ha habido otras bandas sonoras, otras películas. Todavía tengo por delante los temas de Manhattan, La rosa púrpura de El Cairo y otras maravillas. Quiero decir con esto que, si nos empeñamos, la vida puede ser bella... por momentos, y el mundo estar bien hecho durante 3' 14", o incluso durante noventa minutos o dos horas. La vida es breve: hay que procurar vivir y hacer vivir una película cada día. O al menos una canción, una banda sonora de cine que dure lo que un martini rosso en una pérgola muy blanca frente al mar de los anuncios, mientras decidimos si bailamos o pedimos champagne. En fin, que hoy estoy generoso y, por haber llegado hasta aquí, te voy a regalar un clip muy ad hoc que no tiene precio. http://www.youtube.com/watch_popup?v=mz3CPzdCDws

lunes, 3 de diciembre de 2012

más alegre que combativo

Lo admito sin demasiado rubor: soy más alegre que combativo, y estoy mejor dotado para la fiesta que para el duelo; si fuese actor, luciría con más brillo en la comedia que en el drama, y entonaría mejor en la lírica que en la épica, en la erótica que en la ascética. En otras palabras: río mejor que lloro; por eso elijo a Demócrito y dejo a Heráclito para cuando sea mayor y no quede más remedio. No niego que me gustaría ser dramático y profundo, pero en cuanto me relajo un poco, tiendo más al humor que al honor, más a la superficie que a la hondura, prefiero tomar algo con Edgar Neville que con don Miguel de Unamuno, a quien tanto respeto. ¿Y bien? ¿Adónde quiero llegar con todo esto? Pues muy sencillo: a que a alguien así, con todas sus limitaciones y querencias, la realidad que le rodea le viene extraña. O le resulta algo ajena, o  impropia. ¿Qué hace un tipo como yo -pacífico, hedonista y todo eso- con este feo estado de ánimo que siente y ve a todas horas, por todas partes? ¿Y qué debe uno hacer en este caso? ¿Pegarle fuego a la Bolsa, a la sede de Bankia (y a otras), a varios ministerios, consejerías, bares o clubs o lugares de alterne y encuentros diseñados al gusto de estafadores multimillonarios, de prestigiosos evasores, de patriotas declarados, con número de cuenta oculta en Bahamas, Zurich, Bermudas, Islas Caimán, Jersey, Fijii, Gibraltar? ¿Qué debería uno hacer, además de maldecir o blasfemar en silencio? ¿Dejar de hablar para siempre? ¿Dar la justicia por perdida? ¿Ponerse al servicio del desorden? ¿Pedir consejo cada noche al 666 y rendir culto al Príncipe de las Tinieblas? La cuestión es muy básica: ¿de parte de quién nos ponemos? Si os digo la verdad, a estas alturas de mi vida me apetecen más los ricos y los cínicos; prefiero un perfume carísimo en lugar de poner mi firma al pie de una causa justa o una gente a la que nunca he visto ni veré, quizá con enfermedades y malos rollos. Lo prefiero, sí. Pero, dado que todo eso me impide dormir como quisiera, no me queda otra que ponerme de parte de los perjudicados, de los que se quedan en casa (o si ella) sin remedio, mirando la tele y a la espera de las cifras oficiales de manifestantes: la última vez llenamos los kilómetros que van de Atocha a Colón, pero como en Madrid somos tan amplios, tan abiertos, logramos lo imposible: con apenas 35.000 personas (o sea, el estadio del Rayo Vallecano) conseguimos llenar y bloquear todo el centro de Madrid. Jorge Guillén hablaba de "maravillas concretas." El poeta de Cántico no tenía ni idea de las concretas maravillas que nos pueden llegar en los informativos de RTVE, o en siete de cada ocho periódicos, en nueve de cada diez emisoras, en once de cada doce think tanks. Como para no creer en los milagros.

viernes, 30 de noviembre de 2012

la alegría del viernes gris

Los días grises como hoy -esos que mucha gente califica de 'tristes', sin motivo ninguno en mi opinión- a mí me alegran la mañana, sí, porque me da por pensar en la alegría. Es una vieja controversia que mantengo con mi mujer y con quien haga falta: no hay días tristes; de igual modo que el ciprés no es triste en absoluto, como tampoco existen los días fríos, sino la ropa inapropiada. Para mí, si el día se levanta gris y crudo y a cero grados, no lo asocio en modo alguno a la tristeza sino al romanticismo alemán. Si la niebla todo lo envuelve desde primera hora, lejos de una imagen triste, eso me evoca brumas del septentrión, películas de misterio en Londres,  paseos de invierno por el Campo Grande de Valladolid. Y si las temperaturas alcanzan los cinco grados bajo cero, o más allá, yo me siento feliz: imagino a las patinadoras austríacas sobre hielo en Insbruck; pienso en una casita de madera en los bosques de Finlandia o Canadá, con chimenea, por supuesto; escucho canciones de Sinatra o Tony Bennett mientras, en la pantalla, la pareja de enamorados camina abrazada y feliz por las aceras de Manhattan y entra en las tiendas más encantadoras para comprar los regalos navideños. Aquí, el clásico Fly me too the Moon es perfecto. Claro que yo conozco bien algunos temas de Melody Gardot, Diana Krall, Joni Mitchell, Norah Jones, Madeleine Peyroux, la gran Abbey Lincoln... que darían para un invierno de película y cena de viernes todas las noches. ¿Quién dijo 'tristes días grises'? La tristeza es otra cosa, es posible que irremediable. Me acuerdo ahora de Liz Taylor ante el cristal empañado de la ventana, al final de Quién teme a Virginia Woolf, cuando concluye: "...triste, triste, triste." Aquello sí era triste; los días grises, no. Y menos aún si es viernes y hay amor y canciones adecuadas, ninguna prisa, un tinto de crianza a su temperatura idónea , una película bien escogida, una buena calefacción en casa. Y el lunes... ya veremos.

jueves, 29 de noviembre de 2012

ladies & gentlemen

El post de hoy tenía toda la pinta de ser una diatriba de lo más desagradable, de esas que le hacen perder a este copy en crisis (o lo que sea) no pocos lectores y algún amigo. Pero anoche, por sorpresa, me salvó Antena 3: ha vuelto Downton Abbey, en su tercera temporada, y además a lo grande. Qué alegría volver a encontrarnos con los Crawley, con lady Mary, que se casa con su primo Matthew, el heredero, con la insuperable lady Grantham, con el señor Carson, el mayordomo, y, en fin, con todos los demás miembros de la familia y del servicio. El palacio sigue espléndido y todo parece indicar que nos esperan días de gloria, a pesar de que atravesamos por algunas dificultades económicas. Aun así, en Downton Abbey siempre nos sentiremos seguros: allí el mundo está bien hecho y el césped que rodea la gran mansión es de una calidad extraordinaria. Los juegos de té son realmente exquisitos, como los modales de la familia, como la disposición de las flores en los jarrones. Y cuando, ocasionalmente, un coche se aproxima a la entrada del palacio, el plano resulta de un estilo incomparable. Pasar una temporada en Downton Abbey es lo mejor que nos puede suceder en estos tiempos. Mi mujer y yo hemos decidido que, de ahora en adelante, las noches de los miércoles nos vamos a vestir de un modo adecuado para la ocasión, a fin de no desentonar con los personajes y el entorno. Y a poco que nos lo propongamos, acabaremos hablando como ellos, ¿no es así, querida? Tengo que revisar mi fondo de armario para ver qué decido ponerme el próximo miércoles. Quizá, para ambientarme, espere la llegada de Robert, Cora y los demás leyendo unas páginas de algún autor inglés de la época. Retorno a Brideshead, de Evelyn Waugh, sería algo apropiado, ¿no es cierto? Ah, pero qué largos y tediosos se nos van a hacer estos días hasta llegar la noche del miércoles. Además, intuyo que lady Carmen, mi esposa, me tendrá reservada alguna sorpresa, algún detalle deliciosamente encantador.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

mou

Yo no sé si el tipo que se encuadra por derecho propio y con todos los requisitos exigibles en la categoría de 'los muy bordes', no sé, digo, si ese individuo nace o se hace. Es el viejo asunto del artista genial: Shakespeare, Mozart, Maradona, Greta Garbo, Caravaggio, Morente, Camarón, Wislawa Szymborska, Marion Cotillard... ¿nacieron así... o se hicieron? Como no soy determinista, prefiero pensar que todo hombre o mujer acaba siendo responsable de sus obras, actos, aciertos y errores; no al cien por cien, pero sí en buena medida. Y a ese pequeño espacio donde el azar gobierna sin permiso, a eso me aferro para no condenar sin apelación a los desagradables hombres bordes. Y a día de hoy, el paradigma del borde por antonomasia se llama José Mourinho. Hay que reconocerle al personaje que, aparte de otras virtudes que le adornan -mala educación, frecuentes faltas de respeto, ningún cuidado con las tradiciones del club que le paga, y no mal, por cierto-, Mou tiene la habilidad de poner a medio estadio de su parte. Pero es precisamente eso, el ser borde, muy borde, lo que atrae misteriosamente a una parte del estadio y de la sociedad. Qué importa que tu rival te saque a estas alturas de la Liga once puntos; qué más da si ignoras la cantera, si desprecias o pasas por alto los símbolos y los números sagrados (¡Carvalho con el 11 a la espalda!). Bueno, vale, bien, lo que tu digas, pero lo aplauden a rabiar en una parte del Bernabéu. Y ahí está el asunto, queridos míos. Parece que la vida estuviera diseñada para ser Mou. O sea, ser un borde de toda bordería. Y además sin resultados. Llevando el tema a otros terrenos: ¿por qué los políticos más bordes del mundo, los más objetivamente antipáticos y desagradables (incluso en los gestos, en la voz, en la obscenidad de la boca, de la sucia sonrisa) son capaces de generar tanto entusiasmo entre sus fieles? ¿Por qué? En principio, no debería ser así. ¿Dónde está pues el misterio? No lo sé, pero me temo que aparte de la crisis y de la mala baba española (en Granada lo llaman 'mala follá'), el rencor ciega nuestros ojos. Quizá alguien piense que respiro por la herida, aunque no es así: debo decir aquí, una vez más, que soy de buena familia y he tenido una infancia favorable a la risa y al divertimento. A lo que iba: ¿por qué en un país tan luminoso y desenfadado prospera tanto el odio y se fabrican tantas navajas? ¿Qué tal si seguimos mañana?

martes, 27 de noviembre de 2012

sofisticalia

Tengo aquí delante un lujo de 'Alta Cosmética 100% Natural', elaborado por Alqvimia. Su nombre: Sensuality. Su definición: Body Nectar Woman. Su eslogan: Redescubre el placer de ser mujer. Esta joya aromática de alto standing se la ha regalado a mi mujer una buena amiga suya (y mía), una persona inteligente y atractiva que conoce bien el mundo de lo sensorial, el saludable bienestar "del Cuerpo y del Alma", como dice la contraportada del desplegable de Alqvimia. Por cierto, me sorprende que ese copy exquisito y desbordante, quizá joven poeta, no haya utilizado en sus textos la palabra 'ungüento', tan cargada de voluptuosidades, y si nos ponemos semicultos: 'los ungüentos de Perséfone', que también tienen su aquel. Pero no quiero distraerme del asunto principal: vayamos a los ingredientes de que están hechos los sueños de Sensuality. Leo por su orden, sin quitar ni añadir una tilde: 'Rosa de Bulgaria, Jazmín de Mysore, Neroli de Marruecos, Geranio de Egipto, Ylang Ylang de Indonesia, Palmarosa de India'. Aspirando las fragancias de esos nombres, he vuelto a sentir aquello que anhelaba el caballero Giacomo Casanova en el poema de Antonio Colinas que siempre cito: "Sueño con los serrallos azules de Estambul." Mientras esto escribo, escucho distintas versiones del clásico Sophisticated lady, de Duke Ellington, un temazo de los grandes-grandes que Ella Fitzgerald le regaló al mundo con esa elegancia suya de gran dama (aunque, claro está, yo, hombre leal hasta la muerte, prefiero sin remedio la versión de Billie Holiday). Dejemos eso ahora. Vuelvo a los efectos producidos por ese "Ylang Ylang de Indonesia." Me transporta. Me hace perder la cabeza por su aroma. Todo en mí es naufragio. Si me dejo llevar por su fragancia o me abandono o "me enveneno de azules tintoretto" resulta que, como una cosa lleva a la otra, estoy escuchando por azar este desconocido para mí I Fall In Love, grabado en vivo en Tokio, hace casi diez años, por Keith Jarret. Pero es que cuando Keith Jarret acierta... olvídate del Köln Concert y de todo lo demás, coge las llaves, da un beso a los niños, cierra al salir y apaga el móvil. Quizá estemos de vuelta mañana, felices y cansados, a la hora del desayuno. Dicen los que saben, que Sensuality, bien aplicado a lo largo del cuerpo de la mujer, levanta pasiones a su paso y libera feromonas en plena vía pública, mientras un semáforo en ámbar permite en la pituitaria una aventura de pocas palabras y de algún éxtasis. Pero no vuelvas la mirada y déjate llevar o perderte por esa fragancia que te ciega los ojos y te abrasa el cerebelo. O como dijo Vinicius de Moraes en La Fusa, recordando a aquella garota que caminaba despacio por la playa de Ipanema: "Creo que sentí toda la Terra rodar." Lo que añado aquí es un regalo para los leales amadores del jazz, para las guapas e inteligentes seguidoras de este blog que, quién sabe si durará o no más allá de dos o tres semanas. Keith Jarrett Trio - I Fall In Love Too fácilmente - YouTube

lunes, 26 de noviembre de 2012

donde no extrañe el olvido

Para seguir escribiendo, ¿basta con querer hacerlo? ¿Y para dejar de escribir? Anteayer leí un reportaje en El País que hablaba del tema, a raíz del adiós a las armas anunciado por Philip Roth. A mí no me sorprende que llegue un momento a los 80, a los 90 o a los 25 años en que un escritor deje de escribir. Es más, lo que me parece raro es que no deje nunca de hacerlo. Recuerdo que Jaime Gil de Biedma, cuando le preguntaban una y otra vez por qué un gran poeta como él insistía en no escribir, solía responder: "lo normal es leer, no escribir." Y no le faltaba razón, creo yo. Además, esa pregunta tan persistente parecía ignorar algunos de los versos más significativos y testimoniales de JGB: "... No leer, / no sufrir, no escribir, no pagar cuentas..." dice en su célebre De vita beata. ¿Por qué llega un momento en que alguien deja de escribir, pintar, componer, dirigir? Esa sería la cuestión. Volviendo al reportaje que mencionaba al principio, yo no creo que escribir o no escribir dependa solo de la voluntad de hacerlo o de renunciar a ello, casi de igual modo que las lluvias no dependen de la Agencia Estatal de Meteorología. Los pronósticos aciertan muchas veces, sí, pero en la naturaleza hay una cierta holgura (ver La elocuencia del defecto, Vicente Verdú), un espacio abierto por donde se cuela el principio de incertidumbre, la desobediencia civil de lo imprevisible. De poco sirve que tú quieras escribir diariamente un post o un soneto o una sonata o un capítulo... si la página en blanco se niega a dejar de permanecer en blanco; puedes llenar la papelera, agarrarte un cabreo del 9 largo, refugiarte en el whisky, acudir a una iglesia vacía, arrodillarte y exclamar: "¡Señor, Señor, por qué me has abandonado!" Y viceversa, claro. Yo intuyo que hay una sensualidad muy tentadora en el no escribir, de igual modo que existe, o eso dicen, la ebriedad del abstemio o el vicio de la virtud sin mácula (véase El condenado por desconfiado, de Tirso de Molina, que es el colmo de la mala suerte y de la desgracia inmerecida). Pero también existe el caso contrario. En ese reportaje de El País al que aludo, Caballero Bonald, a sus 86 años confiesa: "Dije que dejaría de escribir, claro, ¿pero qué haces si te viene un poema?" Disparar, naturalmente. Ahora bien, si llevas seis meses, seis semanas y seis días intentándolo, y no hay modo de dar a la caza alcance... Pues, chico, cambia de escopeta o de aficiones, pero no te amargues la vida ni se la amargues a nadie. "La vida es breve, divórciate", recomendaba el anuncio de un despacho de abogados en Chicago. Qué bien estarían a veces el verso y la prosa y la familia si nos retiráramos por una temporada y nos fuésemos a vivir al silencio, o a un monasterio, a un lugar no declarado donde no extrañe el olvido.

viernes, 23 de noviembre de 2012

con la boca abierta

Me llega un flyer (o sea, un buzoneo barato en bicolor DIN A6) de Segurident Clínicas en el que aparece un titular en forma de pregunta: "¿Miedo al dentista?" Y eso me ha recordado una nueva técnica que apareció la semana pasada en algún telediario. Consiste en poner al paciente unas gafas panorámicas con vistas al paraíso mientras permanece con la boca abierta y dejándose hacer. Lo que me sorprende es que la industria haya tardado tanto tiempo en algo tan sencillo: yo te hago las mayores perrerías mientras tú estás viajando por los mares del sur o ascendiendo al séptimo cielo. No sé cómo está de desarrollado ese programa, pero supongo que existirá (o estará previsto) un variado menú donde el paciente pueda elegir el tipo de imágenes que desee en cada sesión. Así, por ejemplo, para una hora de desvitalización y endodoncia, muchos optarían por una música muy atmosférica acompañando imágenes de gran armonía en el espacio interestelar. Eso durante los primeros 30 minutos; después, para compensar tanta evanescencia, bajaríamos al planeta Tierra y veríamos en high definition algún documental impactante de National Geografic, pongamos por caso el de uno de los últimos tigres de Bengala esperando primero, sigiloso, y abalanzándose después sobre el cazador furtivo y millonario. Cuando los colmillos del gran macho  hicieran presa en la garganta del cazador sin escrúpulos, la cámara superlenta obtendría uno planos de altísima resolución y sobrecogedora belleza. Pero no nos engañemos, todo el mundo sabe que, pagando un plus, el paciente tendrá acceso a un catálogo exclusivo para adultos (también conocido como Serie Paradise) con el mejor porno arty  de calidad en 3D. Claro que entre los frikies del género arrasa últimamente la tendencia vintage: las cintas X de los años 70, con su inconfundible estética golfa, mal iluminada y sin depilación. Y ese sector también se hace empastes y limpiezas bucales cada seis meses. Ahora con mayor motivo. De modo que los dptos. de marketing de Vital Dent, Unidental, Segurident, etc, ya pueden ir cambiando su estrategia de comunicación y adaptándose a la palpitante actualidad. Olvídense de esos "¿Miedo al dentista?" y pasen directamente a "el placer de una buena ondodoncia", "date el gusto de un implante en 3D", "no te prives de una laaaarga limpieza de boca", "visita nuestra web y elige tú programa favorito", "absoluta confidencialidad", "y si no quedas satisfecho/a, te regalamos una suscripción a Private y/o una consulta gratuita en Boston Medical Group".